martes, 18 de agosto de 2009

¿Cuál es tu Callao?


El callao y sus calles en medio del mar característico de dicha ciudad que pide ser visitada con más frecuencia

Amarillo, blanco y marrón de placa UO-5651, un ómnibus de la línea 71 pasaba por la Av. Zarumilla, para ser más específico a la altura del puente control; en San Martín de Porres. Fue allí en donde pare el carro y subí para dirigirme hacia el Callao, era un domingo como normalmente se aprecia en Lima, pareciera que todos descansan luego de un sábado por la noche espectacular. El chofer, un señor de 45 años aproximadamente, usaba unos lentes grandes para mejorar su vista, tenía una mirada de cansancio, de querer estar con su familia en este momento, talvez descansando en un sillón de su casa y viendo el partido de fútbol que se perdió por la televisión.
había una mujer que cobraba los pasajes, vestía con un pantalón polar color verde oscuro y una chaqueta blanca que le abrigaba la fría tarde limeña, tenia unos ojos grandes marrones claros, que ni me miraron al momento de cobrarme el pasaje por la Av. Perú. No había música en el carro lo cual hizo más tranquilo el trayecto, aunque el ruido que es característico de esos ómnibus antiguos acompañaba mi estancia en aquel lugar. Algunos asientos estaban vacíos, yo estaba al lado izquierdo de los asientos de dos, al lado de la ventana.
Al entrar al Callao, el frío aumento pues me acercaba al mar, la gente mas subía al carro que bajaba, hasta que ya casi no había asientos vacíos, justo allí una señora subió con sus dos hijas, eran gemelas de aproximadamente 8 años, las tres se sentaron junto a mi; las dos niñas comían unas galletas coronita y se sentía el olor de la golosina, no se como entramos en dos asientos cuatro personas y el olor de las galletas hizo aun peor el trayecto. A la altura de Plaza vea del Callao, la Señora al parecer se dio cuenta de lo incomodo que era estar así, por eso se movió junto a sus dos hijas a dos asientos continuos que estaban vacíos.
El carro daba muchas vueltas, yo en realidad no conozco la ruta pero si pude reconocer que su ruta mareaba con las innumerables vueltas que daba.
Pase por una pequeña plaza que más parecía un mercado y se percibía un olor a ajos y pescado, con todos los ingredientes de los más populosos mercados de Lima. Al llegar a la Av. 2 de Mayo vi algo peculiar; un moreno, un gringo y un cholo; estaban juntos en un pequeño circulo de tres, brindaban alrededor de una botella de cerveza en una avenida que mostraba la parte del callao que describían los medios de comunicación en los últimos meses, fue peculiar percibir en tres personas, parte del bagaje cultural del Perú.
Al darme cuenta ya estaba llegando al fin del recorrido ya casi no había gente en el carro, éramos cuatro, el chofer, la cobradora, una señora y yo. La señora bajo al momento que pude apreciar el mar, hacía mucho que no iba al callao y a decir verdad, cuando llegue al ultimo paradero me asuste, casi no había gente y el carro entro a una especie de corralón en la cual se encontraba solo un carro mas. Tuve que esperar 10 minutos para que partiera el otro carro que me llevara a mi hogar; el lugar era extraño, pareciera que estaba en un lugar descampado, al costado de dicho sitio se encontraban unas casonas antiguas con las huellas del tiempo claramente apreciado, y aves en sus techos que afirmaban aun más esa percepción.
Al frente mío, como a 6 metros de distancia, una rata jugaba; se movía de un lado a otro sin que nadie le haga nada, parecía estar feliz, y yo compartí su felicidad pues justo en ese momento el carro que me llevaría a mi casa estaba apunto de partir, logre subir, y me despedí del mar del callao, frío, triste y desolado; con ganas de ser visitado.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Plantilla original blogspot modificada por plantillas blog