La amabilidad y siempre una sonrisa en el rostro abunda en ellos, contrariamente a sus limitaciones propias de la edad, que no son una excusa para que estos ancianitos, que hoy en día tienen como su hogar a los asilos de ancianos, dejen de seguir soñando y sentirse parte de la sociedad.
Ancianidad o vejez. Es descrita muchas veces como un estado del espíritu. Es difícil afirmar cuando comienza, dado que el envejecimiento varía de persona a persona. Según la OMS, el envejecimiento no es simplemente un proceso físico, sino mas bien un estado mental y en ese estado mental estamos presenciando el comienzo de un cambio revolucionario.
Una clara muestra de que este cambio esta sucediendo en la actualidad las podemos encontrar en los distintos club de ancianos, las personas que se encuentran allí, aun siguen soñando y no pierden las esperanzas de cumplir sus sueños, muchos de ellos se reintegran a la sociedad realizando distintos tipos de actividades teniendo una participación continua en las cuestiones sociales, económicas, culturales, espirituales y cívicas, no solo la capacidad de estar físicamente activo.
Sin embargo, aun hay muchas brechas sueltas en la sociedad y una de ellas es el abandono en que se encuentran algunos ancianos de los distintos asilos que abundan en el mundo.
La buena familia
Cabellos color de la nieve, la piel como si fueran prendas de ropa que faltan planchar, miradas que trasmiten estar tristes y alegres a la vez, y es que así se encuentran muchas de estas personas que viven en los asilos de ancianos, tristes porque muchos de ellos están abandonados a su suerte y viven de lo poca ayuda que pueden ofrecer algunas personas voluntarias, y alegres al ver que gente desconocida las va a visitar, comparte momentos con ellos, conversan, etc.
Son las 4 de la tarde y una monja sale al patio tocando una campanita, es significado de que es hora de rezar, entran a un salón grande en donde hay mesas y sillas que lo utilizan como comedor, pero en esta oportunidad, en una especie de sala de reflexión en donde las ancianitas del asilo “San Vicente de Paúl”, de surquillo, rezan al rosario todos los días a la misma hora, es como dice margarita (una ancianita del asilo) para que la virgen no las olvide y ayude a cumplir sus sueños que aún no logran realizar. Acá las ancianitas son muy acogedoras y como en todo lugar hay personas que se caracterizan por determinadas cosas; esta la renegona del asilo, la cantante, la bailarina, la cocinera, la dormilona, etc. es como una pequeña sociedad que esta reunida como diría el popular personaje del chavo del ocho, “sin querer, queriendo”; pero que por esta maniobra del destino se encuentran juntas como si fueran una familia, talvez la única familia que tengan, pues a muchas de ellas sus verdaderos familiares no los van a visitar, talvez esta familia artificial, por decirlo así, que cuentan también con el apoyo de las hermanitas y la madre superiora “Sor Elva” que es la encargada del asilo, sean sus únicas compañeras hasta el fin de sus días. El ambiente del asilo es acogedor, hay muchas flores que dan color y vida al asilo además de un especie de jardín en el medio de todo el pasadizo, en donde en cada lado están las habitaciones de las ancianitas, y al terminar el pasadizo hay muebles para que las ancianitas puedan descansar o pasar un rato ahí. Además que en la casa hogar también cuentan con una cocina, y un segundo piso, que nos cuentan que pronto serán habilitadas.
Hoy en día existen muchas instituciones al servicio de la ancianidad, entre ellas tenemos a los Hogares Geriátricos, las Clínicas Geriátricas, los Clubes de la tercera edad, Asilo de Ancianos y Convalecientes, entre otras. Todos con el fin de proteger y reintegrar a la sociedad a las personas de la denominada tercera edad. Actualmente comienzan a vislumbrarse cambios de actitudes por una parte de muchos de nuestros adultos mayores que buscan espacios donde poder desarrollarse y ser escuchados y por otra de distintos estamentos de nuestra sociedad que colaboran en el logro de este objetivo. A pesar de ello es mucho lo que queda por hacer y todos somos responsables de que los ancianos (nosotros mismos dentro de unos años) encuentren el lugar que les corresponde en nuestra sociedad.
Ir a un asilo de ancianos es toda una experiencia inolvidable, las personas de la tercera edad necesitan mucho que alguien les escuche, no debemos de darles la espalda, por el contrario ayudémoslos.
Se dice que se es viejo cuando uno no lucha por sus sueños, cuando se siente rendido, cuando se piensa que las cosas y la vida ya no tienen sentido, y este no es el caso de muchos de los ancianos que hay en el asilo de San Vicente de Paúl, por el contrario estos están llenos de vitalidad y con ganas de que la sociedad los tome en cuenta, ellos se sienten jóvenes y es lo mejor que se les puede rescatar.

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